Comunicado de la CUT (Candidatura Unitaria de Trabajadores/as) sobre los hechos de Ceuta

1. El 30 y el 31 de julio, decenas de miles de personas, muchas de ellas cruzando a nado el paso del Tarrajal, entraron en Ceuta desde Marruecos. En menos de 48 horas, unas 80.000 personas -una cantidad que iguala la población de Ceuta- se establecieron en la ciudad autónoma, huyendo del hambre y la miseria, de un Marruecos donde el monarca Mohamed VI acumula enormes riquezas mientras que el 70% de las personas sufren una situación de pobreza extrema o vulnerabilidad.

2. Durante muchos años, la ausencia de libertades democráticas en Marruecos y las nefastas condiciones de vida de su población han provocado que miles personas, en especial jóvenes, intenten entrar en la Unión Europea cruzando la frontera de Ceuta o arriesgando la vida en el cruce del Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, la dimensión de la crisis humanitaria (la cifra multiplica por ocho la de mayo de 2021) apunta a que no se trató de un hecho migratorio natural, si no más bien de una respuesta organizada y planificada por el gobierno de Marruecos, apoyado por Israel y EEUU, ante el acuerdo de España con Argelia (enemigo histórico de Marruecos) y, en menor medida, frente al otorgamiento de nacionalidad española a los saharauis nacidos bajo la administración española antes de 1977. Además, la reciente sentencia del Tribunal Supremo de 29 de junio, ampliamente divulgada en las redes sociales, que estableció que no puede aplicarse el procedimiento de “devolución en frontera” a quienes entran a Ceuta por el mar, sirvió de acicate para la movilización masiva de estas personas.

3. Las consecuencias de este movimiento fueron dramáticas. Cerca de 200 personas se ahogaron y muchas llegaron heridas y agotadas tras horas nadando. Al llegar, vagaron por las calles, sin agua ni comida, sin ropa seca ni atención sanitaria. La población ceutí se autoconfinó y las tiendas permanecieron cerradas. El gobierno respondió desplegando el ejército y negando la asistencia humanitaria básica, con la esperanza de que volvieran rápidamente a Marruecos. Y, efectivamente, en días posteriores, 72.000 personas abandonaron Ceuta por la frontera terrestre, quedando en Ceuta un volumen de unas 8.000 personas, de las cuáles, unos 2.500 son menores. Desde la CUT rechazamos tanto este trato indigno que no respeta los derechos humanos por parte de las autoridades competentes como la utilización por parte del gobierno marroquí de masas humanas desesperadas como instrumento geopolítico de presión internacional, como ya ocurriera con la marcha verde.

4. Con objeto de que Marruecos acogiera de nuevo a esas miles de personas y se comprometiera a vigilar la frontera, el Gobierno español exculpó al gobierno de Marruecos de toda responsabilidad, tildándolo de “socio fiable” y “gobierno amigo” y concentrando la responsabilidad de este «ataque y violación de la integridad territorial de España», en palabras de Pedro Sánchez, en las mafias. La crisis de Ceuta, no obstante, no es un asunto bilateral. El conflicto se inscribe en un tablero geopolítico más amplio donde Estados Unidos, Israel y la Unión Europea juegan sus propias cartas. Marruecos, respaldado por Washington y Tel Aviv gracias a los Acuerdos de Abraham de 2020, ha visto reforzada su posición negociadora. El propio Donald Trump, en un mensaje con motivo del Día del Trono, reafirmó el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. El contexto internacional ha sido clave para entender la crisis. El reciente acercamiento de España a Argelia y el avance en la concesión de nacionalidad a los saharauis nacidos en la antigua colonia han sido interpretados por Rabat como gestos hostiles. Rabat ha enviado un mensaje a España por su reciente acercamiento a Argelia, rival geopolítico de Marruecos y le ha recordado tanto a Madrid y como a la Unión Europea su capacidad para desatar una crisis migratoria cuando le convenga. En paralelo, el Congreso estadounidense, aprobó una recomendación para que el Departamento de Estado abra el debate sobre el «futuro estatus» de Ceuta y Melilla, definiéndolas como «ciudades administradas por España» situadas en «territorio marroquí». De igual forma, actuó Israel. El embajador israelí ante Naciones Unidas, Danny Danon, instó a España a «explicar al mundo por qué aún mantiene enclaves coloniales en África».

5. Por su parte, la derecha y la extrema derecha no perdió la oportunidad y agitó rápidamente discursos de “odio”, lanzando bulos y calificando lo sucedido de “invasión”, alzando una campaña de patrioterismo españolista, como ocurrió cuando el incidente del islote del Perejil. Esta campaña ha generado escenas racistas donde se ha interrumpido un convoy de la Cruz Roja o el asalto armado a la playa quemando los pocos enseres de las personas migrantes, que dormían prácticamente a la intemperie, ante la presencia de la policía que se mantuvo sospechosamente pasiva. Desde la CUT condenamos estos hechos lamentables y rechazamos cualquier manifestación de violencia racista que sólo buscan enfrentar al pobre con el más pobre y desviar la atención del verdadero problema: el saqueo imperialista de África.

6. La CUT mantiene su posición antiimperialista y decolonial. África, antes de la llegada violenta de la colonización europea, no era un continente atrasado ni aislado. Existían enormes redes comerciales, grandes ciudades, estados organizados y sistemas tecnológicos adaptados a su entorno social. Durante el siglo XIV, mientras Europa Occidental se enfrentaba a una profunda crisis económica, hambrunas, la guerra de los Cien Años y los estragos de la Peste Negra, el Imperio de Malí de Mansa Musa se consolidó como la primera potencia financiera mundial. Todo el oro para acuñar las monedas europeas llegaban por las rutas comerciales transaharianas desde Malí que concentraba la mitad de las reservas mundiales de oro. La riqueza de toda la Corona de Inglaterra o del Reino de Francia junta equivalía a una pequeña fracción del tesoro de Malí. La Universidad de Sankore en Tombuctú albergaba miles de manuscritos sobre astronomía, matemáticas, medicina y derecho. Tombuctú tenía una población de unas 100.000 personas, el doble que Londres o Lisboa, similar a París y Venecia y cinco veces más que Madrid. Una cuarta parte de esta población eran profesores, investigadores y estudiantes de la Universidad. En la actual Uganda, los cirujanos locales realizaban cesáreas con éxito utilizando anestésicos naturales y técnicas de cauterización para evitar infecciones, un procedimiento que en Europa aún tenía tasas de mortalidad altísimas a principios del siglo XIX. Ciudades africanas mantenían un próspero comercio marítimo a través del Océano Índico con la India, Persia y China, exportando oro, hierro, marfil, textiles y sal a cambio de porcelana y sedas. El ocaso de África comenzó con el comercio de esclavos que precedió a la invasión, colonización y reparto de África por las grandes potencias europeas. La responsabilidad del subdesarrollo y la dependencia de África, cuna de la humanidad, es estrictamente europea. El expolio europeo de África es la causa primigenia de la pobreza y, consecuentemente, de los movimientos migratorios hacia Europa.

7. Condenamos la hipocresía de la derecha y la extrema derecha que, por un lado, afirman solidarizarse con Ceuta ante el colapso de las infraestructuras de acogida, y por otro, se niegan a acoger en sus comunidades autónomas a las y los menores, tal y cómo dictan la legislación española y europea. Estamos hablando de 700 niñas y unos 1500 niños. Esta actitud contrasta con la recepción de 350.000 personas procedentes de Ucrania. Si esa cantidad no ha generado ninguna alarma social, como tampoco los 90 millones de turistas que nos visitan cada año, ¿por qué 700 niñas y 1500 niños le generan tanto problema a la derecha? La respuesta es sencilla: no son rubios con ojos azules, son pobres y musulmanes. Es decir, racismo, aporofobia e islamofobia es lo que hay detrás de la derecha. Usan estos prejuicios, que no aplican a los ricos árabes que visitan la Costa del Sol, para quebrar la solidaridad de clase y enfrentarnos unos contra otros. De esta manera, dividiéndonos y enfrentándonos, los poderosos obtienen una mayor rentabilidad en la explotación laboral de las personas migrantes, a las que quieren aisladas y no organizadas.

8. La historia ha demostrado que las fronteras no detienen los flujos migratorios. Las fronteras no detienen el hambre. Las fronteras no van a detener a quienes huyen de la violación de los derechos humanos, de la persecución política y de la guerra. Nadie emigra por capricho, se hace por necesidad. Como lo hicimos cientos de miles de andaluces en los años 60. Son necesarios mecanismos internacionales que protejan los derechos humanos de las personas migrantes. Recordamos que la Declaración Universal de Derechos Humanos condena el racismo y la xenofobia. Hay que desmantelar todo el entramado jurídico europeo, empezando por el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, impuesto por la extrema derecha europea, que criminaliza a las personas migrantes. Denunciamos la cobardía política del gobierno español que traicionó al pueblo saharaui y colabora con la ocupación. Solo la solidaridad activa de los pueblos, la solidaridad de clase y la defensa intransigente de los derechos humanos puede derribar la Europa Fortaleza de las élites, multinacionales y poderosos.

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